La ciclovía detenida: Recorte fiscal, desigualdad territorial

El corte de financiamiento al eje Nueva Alameda no es solo una decisión presupuestaria. Es una señal de cómo se distribuyen —y se disputan— las inversiones en la ciudad.

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En la Alameda, el flujo no se detiene. Micros llenas, autos avanzando a ratos, bicicletas buscando espacio donde no lo hay. Un ciclista se baja a la vereda y mira hacia adelante: «por aquí debería ir la ciclovía», dice. El trazado existe. La obra, no.

Cuando el presupuesto redefine la ciudad

El Ministerio de Vivienda decidió recortar el financiamiento de la tercera etapa del proyecto Nueva Alameda, incluyendo el tramo de ciclovía que conectaría sectores del poniente como Estación Central y Lo Prado, señaló La Nación. La decisión responde a restricciones fiscales en un escenario económico tensionado que también tensionó a Felipe Muñoz, alcalde de Estación Central: «Uno ve que sectores del cono de alta renta cuentan con grandes ciclovías de alto estándar y el sector poniente, justamente cuando ya estaba con financiamiento (…) vemos que hoy día se retira (el financiamiento). Para nosotros de verdad que es una muy mala noticia», cuestionó el edil.

El problema no es solo el ajuste, sino su efecto territorial. El proyecto ya estaba diseñado y avanzaba como una pieza de integración urbana para comunas históricamente rezagadas en infraestructura. Su detención no elimina la necesidad, la deja en suspenso.

Desde los municipios, la lectura fue inmediata: no todos los territorios enfrentan los recortes de la misma forma. Cuando el presupuesto se estrecha, las prioridades se reordenan, y esa reordenación no es neutra. Aquí aparece la tensión de fondo: la planificación urbana promete integración, pero su ejecución depende de decisiones que pueden revertirla ¿Quién decide qué territorios avanzan y cuáles quedan atrás?

El barrio como espacio de impacto… y de reacción

El recorte no se vive como política pública. Se vive como ausencia. Trayectos que siguen siendo inseguros, tiempos de traslado que no mejoran, oportunidades que no se habilitan. La ciclovía que no se construye mantiene condiciones que ya eran desiguales.

Para la dirigencia vecinal, el escenario cambia. No participaron en la decisión, pero enfrentan sus consecuencias. Vecinos que preguntan, compromisos que se diluyen, confianza que se tensiona. Sin embargo, el barrio no queda inmóvil. Algunas organizaciones comienzan a articular respuestas: solicitudes formales de información, presión a autoridades locales, coordinación con otras comunas afectadas. No resuelven el recorte, pero lo vuelven visible.

Otros liderazgos optan por insistir en la planificación original, empujando el tema en espacios institucionales y evitando que desaparezca de la agenda pública. Porque cuando un proyecto se detiene, el riesgo no es solo el atraso, es el olvido. La diferencia es sutil, pero relevante: el barrio no controla la decisión, pero tampoco la deja pasar.

Y en ese gesto, comienza a redefinirse su rol.

Lo que creemos en SOY DIRIGENTE

Cuando una inversión pública se retira de un territorio que ya estaba incorporado en la planificación, no solo se ajusta un gasto, se redefine una prioridad. El barrio no decide sobre el presupuesto, pero sí puede incidir en que esas decisiones no pasen desapercibidas. Entre la planificación y el recorte, la gobernanza local se juega en la capacidad de sostener lo que parecía ganado.

La infraestructura no es neutra. Distribuye oportunidades.