En el escenario político chileno, propuestas como la construcción de una barrera física en el norte del país generan reacciones viscerales que suelen anular el debate técnico. En SOY DIRIGENTE entendemos que, más allá de la postura a favor o en contra del hoy presidente José Antonio Kast o sus críticos, lo que está en juego es la capacidad de nuestra sociedad para discutir problemas reales (como la crisis migratoria y la seguridad) sin caer en el juicio moral invalidante.
El objetivo de esta nota es que el dirigente social actúe como un filtro: que sepa distinguir entre la consigna ideológica y la solución práctica, protegiendo la unidad de su asamblea frente a las olas de polarización que bajan desde los reels de Tik Tok a la calle.
El conflicto del «Monopolio Moral»
El concepto de «monopolio moral» sugiere que un sector político se siente con el derecho exclusivo de decidir qué es humano o ético, invalidando cualquier otra propuesta como «cruel» o «populista». Desde el prisma de la gobernanza y la estrategia, este fenómeno genera tres riesgos para la comunidad:
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Parálisis de soluciones: Cuando una propuesta técnica se descarta de inmediato por razones morales, se deja de discutir su viabilidad, costo o efectividad. En el barrio, esto se traduce en no solucionar problemas urgentes por miedo a parecer «políticamente incorrecto».
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Cámara de eco: La polarización empuja a los vecinos a agruparse solo con quienes piensan igual, destruyendo la transversalidad que por naturaleza poseen -o se supone que tienen- las juntas de vecinos. Un dirigente eficaz debe ser capaz de mediar entre visiones opuestas sin que el monopolio moral de un grupo anule al otro.
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Desconexión con la realidad territorial: Mientras en los centros de poder se discute la ética del «muro», en las poblaciones del norte, en barrios con alta penetración de población migrante como Independencia, Recoleta o Estación Central, e inclusice a lo largo de todo Chile, se vive la presión del crimen transnacional. El rigor exige que la política responda a la urgencia de la calle y no solo a la estética del discurso.
El dirigente como promotor del diálogo crítico
Como líderes territoriales, nuestra labor es fomentar que el vecino piense por sí mismo y no se deje llevar por lo que escuchan de los mal llamados influencers de Tik Tok, cuyos discursos viscerales solo terminan esparciendo odio y «soluciones» que no son tal. A veces, dirigentes históricos del barrio, empapados de ese discurso o de posturas partidistas, en el caso de los que siempre han tenido aspiraciones políticas, terminan interviniendo y manchando un espacio que, en esencia, es social y comunitario.
La autonomía de las comunidades se fortalece cuando no nos dejamos pautear por el «eslogan» del momento, ya sea que provenga de las redes sociales o de un dirigente que repite como un loro lo que escucha. La lección para el Chile del futuro es que la crisis de seguridad y migración requiere pragmatismo en la búsqueda de soluciones basadas en el pensamiento crítico.
No se trata de odiar o amar a un candidato, se trata de exigir planes concretos que funcionen. El dirigente social debe ser el primero en sacarse su polera y su bandera partidista, si es que la tiene, para decir: «Hablemos de cómo esto afecta a nuestra seguridad, sin insultarnos y sin prejuicios».
Herramientas para manejar la polarización política en la Sede
Si el debate político nacional está generando roces entre tus vecinos, aplica este protocolo técnico de manejo:
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Centrarse en el «cómo», no en el «quién»: Si surge el tema del muro o de cualquier política polémica, desvía la conversación hacia lo local: «¿Cómo impacta esto en nuestra seguridad específica aquí en la comuna?». La realidad local suele unir lo que la ideología nacional separa.
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Prohibición de la descalificación moral: Establece una regla de oro en las reuniones: se pueden criticar las ideas, pero no las personas. Decir que un vecino es «malo», «facho/comunista» por una opinión puntual, corta el diálogo técnico que el barrio realmente necesita.
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Información vs. opinión: Insta a los vecinos a buscar datos. Si se habla de seguridad, revisen las estadísticas de la comisaría local. El dato mata el relato, desmiente percepciones y baja la intensidad emocional del conflicto.
La reflexión de SOY DIRIGENTE
Los muros más difíciles de derribar no son los de hormigón, sino los que construimos en nuestras mentes cuando dejamos de escuchar al que piensa distinto. Como dirigentes, nuestro deber es asegurar que en la sede social siempre haya espacio para la razón por sobre la pasión, y para la solución por sobre el insulto.



