La falacia del «No sabía»: La ignorancia no exime de responsabilidad al jefe de servicio

Cuando un sistema de salud falla o un municipio colapsa, la respuesta favorita de la autoridad es el desconocimiento. Para el dirigente social, esto no es una explicación, es una confesión de negligencia. El objetivo es claro: exigir que quien ostenta el poder asuma el control o asuma las consecuencias.

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En la gestión pública chilena, desde los servicios locales de salud hasta las direcciones municipales, hemos visto cómo se instala una cultura de la irresponsabilidad donde los directivos culpan a los «mandos medios», a la «falta de presupuesto» o a los administrativos de más bajo rango por errores críticos.

En SOY DIRIGENTE entendemos que, según el Estatuto Administrativo y la Ley de Bases, la autoridad tiene el deber de supervigilancia. Decir «yo no sabía» que faltaban insumos en el CESFAM o que las cámaras estaban apagadas es admitir que no se está cumpliendo con la función básica del cargo. El rigor del liderazgo exige que la responsabilidad no se delegue; se ejerce o se sanciona.

La jerarquía es responsabilidad, no privilegio

La administración pública en Chile se basa en una cadena de mando técnica. Cuando un director de servicio alega ignorancia ante una crisis, está rompiendo el contrato de confianza con la ciudadanía. Desde el prisma de la gobernanza, el «yo no sabía» es insostenible por tres razones legales y técnicas:

  1. El deber de control jerárquico: El Estatuto Administrativo obliga a las jefaturas a controlar permanentemente el cumplimiento de las metas y la legalidad de los actos de sus subordinados. El Jefe de los Territoriales debe saber qué están haciendo sus territoriales en el campo; si no lo hizo, cometió una falta a sus deberes funcionarios… Y si él los envió a hacer algo indebido, él es el responsable.

  2. La gestión basada en datos: En la era de la transparencia y los sistemas digitales, la información sobre falta de camas, medicamentos vencidos o presupuestos mal ejecutados está a un clic de distancia. La «ignorancia» hoy es una decisión política, no una falta de datos.

  3. La doctrina de la confianza legítima: El vecino confía en que el sistema funciona porque hay alguien a cargo, con la formación y los conocimientos requeridos por el perfil. Cuando la autoridad paga favores políticos poniendo a sus generales de campaña o al familiar del amigo, se lava las manos, destruye la legitimidad de la institución y fomenta la corrupción en los niveles inferiores.

El dirigente como fiscalizador de la competencia

Como líderes territoriales, nuestra labor es no aceptar la «incompetencia» como excusa válida. La autonomía de las comunidades se fortalece cuando el dirigente conoce el organigrama y sabe que el jefe de servicio es responsable por omisión.

La lección para el Chile del futuro es que necesitamos autoridades que «sepan» y que, si no saben, se rodeen de equipos técnicos que sí lo hagan. Un hospital que no funciona, una calle que queda a oscuras o un territorio sin representación vecinal por años tiene un responsable con nombre y apellido al interior de una oficina pública, y es ahí donde debe llegar nuestra exigencia de cuentas.

Cómo enfrentar la excusa del «No tengo información»

Si la autoridad te responde con evasivas ante una problemática del barrio, usa estas herramientas técnicas para romper el muro de la ignorancia:

  • Solicitud por Ley de Transparencia: Si el jefe dice «que no sabe», oblígalo a saber. Haz una solicitud formal de información. Por ley, deben buscar el dato y entregártelo. Una vez que lo reciben, ya no pueden decir que no saben.

  • Oficio a la Contraloría por abandono de deberes: Si la falta de control de la autoridad ha generado un daño patrimonial o un riesgo a la salud, la Contraloría General de la República puede investigar la responsabilidad administrativa del jefe del servicio.

  • Exigencia de plazos de respuesta: En cada reunión, no aceptes un «lo vamos a ver». Exige que se anote en acta un plazo para que la autoridad informe sobre los hallazgos de su «investigación» sobre el tema que supuestamente desconocía.

La reflexión de SOY DIRIGENTE

El poder sin responsabilidad es simplemente autoritarismo. Un dirigente que se queda callado ante la excusa del «yo no sabía» está permitiendo que el servicio público se deteriore. La ignorancia del jefe se paga con el sufrimiento del vecino, y eso es algo que no podemos tolerar.