En muchas juntas de vecinos y gremios, el consumo de alcohol se ha normalizado como la única forma de «celebrar» o «cerrar acuerdos». Sin embargo, esta práctica excluye a quienes están en procesos de recuperación, a quienes cuidan su salud o simplemente a quienes no desean beber.
En SOY DIRIGENTE entendemos que el liderazgo social debe dar el ejemplo: una directiva que presiona a sus socios para que «se tomen una» está vulnerando la autonomía personal y deteriorando el espacio común. El objetivo de esta nota es entregarte herramientas para que, como dirigente, instaures una cultura de respeto donde nadie tenga que dar explicaciones por elegir la sobriedad.
¿Por qué incomoda el «no»?
La presión social en el barrio suele ser más fuerte que en la oficina porque involucra afectos y años de vecindad. Desde el prisma de la gobernanza comunitaria, debemos entender por qué es necesario cambiar este chip:
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Espacios seguros para todos: Un vecino que dejó el alcohol puede dejar de asistir a la sede si sabe que siempre habrá presión para beber. Estamos perdiendo talento y participación por una mala costumbre.
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Profesionalismo de la dirigencia: Las decisiones importantes del barrio (presupuestos, proyectos, seguridad) no deben tomarse bajo la influencia del alcohol. La sobriedad garantiza que el acta de la reunión sea un reflejo fiel y responsable de lo acordado.
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Prevención de incivilidades: Muchas peleas entre vecinos o discusiones de asamblea escalan a la violencia debido al consumo excesivo en las cercanías o dentro de la sede. El dirigente debe marcar el límite técnico: la sede es para la gestión, no para el exceso.
Cómo responder a la presión en el barrio
Como líderes, debemos empoderar al vecino que decide no beber. La autonomía de las comunidades se fortalece cuando eliminamos los juicios. La lección para el Chile del futuro es que la convivencia no necesita de sustancias para ser auténtica.
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Si eres el dirigente: Asegúrate de que en cada evento de la junta de vecinos haya siempre alternativas atractivas (jugos, agua mineral, café). Si alguien insiste en que un vecino beba, intervén con firmeza: «Aquí respetamos la decisión de cada uno, el objetivo es compartir el momento, no la bebida».
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Si eres el vecino que no bebe: No necesitas dar explicaciones médicas ni excusas. Un «No gracias, prefiero agua hoy» es una respuesta completa. Si la insistencia sigue, usa el rigor de tu derecho: «Mi participación en el barrio no depende de lo que hay en mi vaso».
Protocolo de «Sede Saludable» para la Directiva
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Reglamento de consumo: Establecer en los estatutos o reglamento interno que no se permite el consumo de alcohol durante las asambleas ordinarias o extraordinarias.
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Celebraciones con sentido: En los aniversarios del barrio, promover el concepto de «Bar abierto de ideas», donde el foco esté en la música, la comida y el reconocimiento a los vecinos, bajando el protagonismo del alcohol.
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Apoyo silencioso: Si detectas que un vecino está luchando contra una adicción, el mejor apoyo de la junta de vecinos es ofrecerle un espacio de participación donde el alcohol no sea el requisito para encajar.
La reflexión de SOY DIRIGENTE
La verdadera «chispa» de una organización social está en sus proyectos y en la fuerza de sus vecinos, no en el grado alcohólico de sus festejos. Un dirigente que respeta la sobriedad del otro está construyendo un barrio más sano, más lúcido y mucho más unido.



