En el histórico paño de Barón, donde el mar se encuentra con la memoria portuaria de Valparaíso, el proyecto de parque metropolitano enfrenta una nueva marejada judicial. Una denuncia por presunta elusión al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) ha remecido los cimientos de una obra que prometía devolver el mar a los porteños. Para un dirigente social, este no es un tecnicismo legal vacío; es la sospecha de que una inversión millonaria podría estarse ejecutando sin medir las consecuencias reales sobre el ecosistema y el patrimonio del plan de la ciudad. La elusión no es solo un error administrativo, es una grieta en la fe pública que sugiere que, para el Estado, la rapidez de la foto de inauguración vale más que la seguridad ambiental de los vecinos.
El rigor de la ley frente a la urgencia de la obra
Descender al detalle de la denuncia permite dimensionar la fragilidad de la gobernanza urbana cuando los proyectos se fragmentan para evitar el escrutinio técnico. El rigor institucional nos indica que toda obra de esta escala, situada en un área de valor patrimonial y costero, debe someterse al máximo estándar de evaluación. Desde el prisma de la soberanía territorial, este caso plantea una pregunta incómoda: ¿Cómo aseguramos que la recuperación del borde costero no se convierta en una intervención de hormigón que ignore las corrientes, la biodiversidad y la identidad del puerto? El desafío para las autoridades no es solo defender el proyecto en los tribunales, sino demostrar con transparencia absoluta que la modernización no se está construyendo sobre el atajo de la irregularidad.
El rol de la dirigencia como fiscalizadora del territorio
Como líderes territoriales, nuestra labor frente a las «obras estrella» del Gobierno es actuar como los ojos técnicos de la comunidad. La autonomía de las organizaciones sociales se fortalece cuando el dirigente no recibe el parque como un regalo, sino que lo audita como un derecho. La lección de Barón es clara: el Chile del futuro requiere de ciudadanos informados que entiendan que el desarrollo sin evaluación ambiental es, en realidad, un riesgo heredado para las próximas generaciones. Debemos prepararnos para exigir que cada metro cuadrado intervenido cuente con el respaldo de la ciencia y el consentimiento de quienes habitan el cerro y el plan. La verdadera seguridad ciudadana comienza con la certeza de que el parque que hoy celebramos no será el desastre ambiental o patrimonial que mañana debamos lamentar.
Reflexión SoyDirigente:
El borde costero es el jardín de Valparaíso y no puede entregarse a ciegas. Un parque es una excelente noticia, pero un parque legal y ambientalmente responsable es una victoria para la posteridad. Como dirigentes, nuestro compromiso es con la verdad del territorio, porque la única forma de habitar la ciudad con dignidad es asegurando que el progreso no pase por encima de la ley ni de la naturaleza.



