En la fila, la escena se repite. Personas preguntando por su carnet, funcionarios revisando sistemas que no responden como deberían. «Me dijeron que estaba listo, pero no aparece», dice en voz alta alguien, mientras otro replica. No es un caso aislado. Es una acumulación.
Cuando la modernización falla
La Contraloría General de la República detectó graves deficiencias en el nuevo sistema de identificación del Registro Civil, implementado en 2024. El informe reveló errores en la emisión de documentos, retrasos masivos y fallas en el control interno. Los problemas, según EMOL, no fueron menores.
Se registraron cédulas con datos incorrectos —incluso recién nacidos que aparecían con profesiones—, documentos entregados sin activación y errores en la información personal. A esto se sumaron demoras significativas: más de 1,2 millones de solicitudes procesadas, con cerca de un 17% entregadas fuera de plazo y retrasos que llegaron hasta los 89 días hábiles.
El problema no es solo la falla. Es la cadena.
Porque el sistema que debía modernizar el servicio terminó generando errores en procesos básicos, evidenciando debilidades en el diseño, en la implementación y en los mecanismos de control.
¿En qué momento una mejora tecnológica se transforma en un punto crítico de operación?
El barrio como espacio donde la falla se acumula
En el territorio, esto no se vive como un informe. Se vive como espera incómoda: Sin carnet, no hay trámites. Sin documento, no hay acceso pleno a servicios. La falla técnica se traduce en una barrera cotidiana.
Para la dirigencia vecinal, el impacto es directo. Vecinos que no pueden acceder a beneficios, que no logran completar gestiones o que ven retrasadas situaciones urgentes. La institución sigue funcionando, pero con fricción.
Algunos liderazgos intentan orientar: derivan, explican, acompañan procesos. Otros simplemente reciben la frustración. Porque cuando el problema es sistémico, la solución no está en el barrio, pero el efecto sí. Y en ese punto aparece una tensión más profunda: la modernización no falló en el diseño, falló en su implementación real. Y esa distancia entre lo planificado y lo ejecutado es la que termina impactando a las personas.
El sistema existe, pero no siempre responde.
Lo que creemos en SOY DIRIGENTE
Cuando una política de modernización no logra sostener su operación en terreno, el problema deja de ser tecnológico y pasa a ser de gestión. La confianza en el Estado no se construye con sistemas nuevos, sino con sistemas que funcionan.
El documento identifica, pero también habilita.



