Menos hijos, más mascotas: el nuevo mapa barrial

La caída de la natalidad en Chile ya no es solo un dato demográfico. Se siente en salas vacías, negocios que cambian de giro y barrios que reconfiguran su vida cotidiana.

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En el colegio Rosita Sánchez de Maipú, el kinder se cerró a mediados de los 90, cuando una primera caída de la natalidad obligó a eliminar los cursos de entrada. Hoy, la historia amenaza con repetirse: sus directivos analizan cerrar nuevamente esos niveles para concentrarse en enseñanza secundaria especializada. No es un hecho aislado. Es un ciclo que regresa. «Hace años que venimos ajustando la matrícula hacia abajo», reconoce un integrante del equipo directivo del establecimiento.

En Ciudad de México, un salón de uñas convive pared con pared con una estética canina premium. En ciudades como Buenos Aires o Montevideo, distintas estimaciones indican que los perros ya superan a los niños. No es casualidad. Es un patrón.

La caída: rápida y estructural

En América Latina, la tasa de fecundidad cayó a 1,8. En Chile bajó a 1,1 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo. La señal no es menor: «Si no hay un cambio en política pública… Chile va a tener que vivir de los migrantes», ha advertido el especialista en medicina reproductiva Fernando Zegers en entrevista con El País. No es una proyección lejana, es el tipo de país que comienza a configurarse.

Chile como adelanto

Chile no es excepción. Es anticipo. El sistema educativo lo muestra antes que cualquier indicador: cursos que no se abren, matrículas que no se completan y establecimientos que comienzan a reconvertirse. Lo que en los 90 fue una señal aislada, se repite como tendencia. La socióloga Martina Yopo señaló a CNN en Español: «Los niños (…) ocupan un lugar cada vez más marginal en los proyectos de vida». Ahí empieza a notarse el cambio.

Más educación, más autonomía, más acceso a anticonceptivos. Pero también más costo, más incertidumbre y menos condiciones para criar. Cuando se puede decidir, también se puede postergar. Y cuando se posterga lo suficiente, simplemente no ocurre. Y no todos deciden en igualdad de condiciones: unas mujeres tienen más hijos de los que desean, otras menos de los que quisieran.

La baja natalidad no es solo una curva descendente. Es un sistema que cambia de forma: salas vacías, envejecimiento acelerado, presión sobre salud y pensiones. La pirámide poblacional deja de ser pirámide. Y en paralelo, crece otro fenómeno: la presencia de mascotas como eje de la vida doméstica. En Chile, más del 80% de los hogares tiene al menos una mascota, y una proporción creciente las considera parte de la familia. La tendencia se repite en toda la región.

La reflexión de SOY DIRIGENTE

El barrio no cambia cuando bajan los números. Cambia cuando los ciclos empiezan a repetirse. Lo que antes fue excepción hoy se instala como norma.

La pregunta ya no es solo demográfica, es también política: qué hacen los municipios, el sistema educativo y el Estado cuando sobran salas en lugar de faltar cupos.