En el mundo de la dirigencia, la sospecha es un veneno que mata la participación. Cuando un vecino pregunta «¿Qué se hizo con la plata de los certificados, el arriendo de la cancha, de la sede?» y no hay una respuesta inmediata y documentada, el tejido social se fractura. Y si no se trata a tiempo, se rompe.
En SOY DIRIGENTE sabemos que la Comisión Revisora de Cuentas es, a menudo, el órgano más descuidado de las organizaciones, cuando debería ser el más robusto. Tras casos de presunto mal uso de fondos para fines personales, queda claro que la «amistad» en la directiva es el peor enemigo de la probidad.
El control de los recursos debe ser un ejercicio de máxima visibilidad: un dirigente honesto es el primero en exigir que lo fiscalicen, porque sabe que su mayor patrimonio es su credibilidad.
El rigor del control: 6 puntos clave para la auditoría vecinal
Para evitar que la tesorería se convierta en una «caja negra», la Comisión Revisora debe actuar bajo un protocolo técnico. Desde el prisma de la gobernanza, estos seis puntos son el estándar mínimo de seguridad para cualquier organización social:
- El registro anterior: Si la Junta de Vecinos ya tenía historia bajo el puente, es una obligación irrenunciable del Tesorero investigar, contactar, recuperar y disponer de los fondos que la Junta de Vecinos tenía previos a su arribo al cargo. No hacerlo constituye una falta grave y lo hace susceptible a recibir un voto de censura que sancione a quien ostenta el cargo, por abandono de deberes.
- Cotejo de cartola vs. libro contable: No basta con ver el libro de tesorería. Se debe exigir la cartola bancaria oficial y verificar que cada peso que salió del banco tenga una entrada correspondiente en el libro de actas. Si por razones de fuerza mayor el dinero no estaba en la cuenta de la Junta de Vecinos y, en cambio, estaba en una cuenta personal del Tesorero, con mayor razón las cartolas deben estar disponibles, y especialmente informar si la cuenta generaba intereses. De existir ganancias derivadas de intereses, en teoría dichos montos son de la Junta de Vecinos, por lo que, si se niega a entregarlos, podría constituir apropiación indebida.
- Validación del gasto: Todo egreso debe tener una boleta o factura, idealmente a nombre de la organización, pero en términos tributarios prácticos, eso ocurre solo con las facturas y las boletas electrónicas. Los «recibos simples» deben ser la excepción absoluta y, si existen, deben estar visados por la Directiva.
- El principio de la doble firma: Fiscalizar que ningún retiro o transferencia se haya hecho con una sola firma. El control cruzado entre Presidente y Tesorero es la primera barrera contra la tentación. Y por lo mismo, debería existir un acta tras cada acto.
- Inventario de bienes: La revisión de cuentas también incluye lo físico. Si se compraron sillas o un computador, la Comisión debe verificar que los activos estén físicamente en la sede.
- Periodicidad de la rendición: La ley exige una revisión anual, pero la salud social del barrio requiere informes trimestrales. La transparencia que llega tarde, ya no es transparencia.
El principio de responsabilidad permanente
Es vital que todo aquel que asuma un cargo de tesorería o presidencia entienda un principio legal inamovible: la cesación en el cargo no exime de responsabilidad civil o penal. Si durante una auditoría posterior se descubren faltantes, apropiación indebida o mal uso de fondos ocurridos durante su gestión, el exdirigente sigue siendo responsable ante la justicia.
La renuncia, el término del periodo o incluso la disolución de la directiva no borran la huella de los dineros. Por eso, realizar una Acta de Entrega firmada y visada por la Comisión Revisora no es solo un trámite, es el único documento que libera legalmente a quien se va, certificando que entrega las cuentas en orden. Sin ese papel, el exdirigente queda expuesto a demandas por años.
Autonomía y protección de la directiva
Como líderes territoriales, debemos entender que la fiscalización es nuestra mejor defensa ante acusaciones infundadas. La autonomía de las comunidades se fortalece cuando los procesos son impecables, cerrando la puerta a chismes y conflictos internos que solo paralizan la gestión. La lección para el Chile del futuro es que la probidad barrial es la base de la democracia nacional. Un equipo directivo que somete sus cuentas al escrutinio de sus vecinos, con un informe firmado por la Comisión Revisora, se vuelve intocable frente a la calumnia y puede enfocar su energía en lo que realmente importa: mejorar la calidad de vida de su sector.
La reflexión de SOY DIRIGENTE
El dinero de la Junta de Vecinos es sagrado, porque representa el esfuerzo y la confianza del vecino. Una directiva que se deja fiscalizar es una directiva que duerme tranquila.
La transparencia no se declara, se demuestra con papeles sobre la mesa.



