Decreto 22 y adultos mayores: El cuidado que no entra a la cancha

El Decreto 22 obliga a prevenir abusos en el deporte. Pero su eficacia real se juega fuera del reglamento: en la capacidad de quienes cuidan —muchas veces adultos mayores— de entender y exigir protección.

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Sábado en la mañana, polideportivo Enrique Soro de Independencia. Una abuela espera en la reja de la multicancha. Su nieta entrena Hockey césped al fondo, entre conos, silbatos y órdenes que rebotan en el pasto.

No sabe quién dirige. No sabe qué protocolo existe. No sabe a quién acudir si algo pasa. Confía.

La escena es cotidiana y ocurre también en Lucha olímpica, en Judo, en fútbol, entre tantas otras disciplinas. Y es también el punto ciego.

Desde 2020, el Decreto 22 del Ministerio del Deporte obliga a las organizaciones deportivas a prevenir abusos, establecer canales de denuncia y resguardar la integridad de niños, niñas y adolescentes.

El estándar está. Pero en la cancha, no siempre se aplica.

Cuando la norma no entra a la cancha

El deporte formativo no es solo técnica. Es entorno. Es adulto responsable. Es límite. Y los límites no sirven si no se conocen.

En espacios como el de Enrique Soro —y tantos otros— la información existe, pero no circula. Está en documentos, no en conversaciones. En carpetas, no en la entrada de la cancha.

El resultado es directo: quien cuida no sabe qué exigir. «Uno los deja y se va tranquilo, porque piensa que todo está bien (…) Aquí nadie te explica nada, y uno tampoco sabe qué preguntar», dice una abuela que espera cada semana por su única nieta.

Ahí se rompe la cadena. Porque sin información clara —quién entrena, qué reglas rigen, cómo se denuncia— la protección deja de ser sistema y pasa a ser intuición. Y la intuición no protege.

Mientras tanto, la fiscalización es irregular y el cumplimiento muchas veces se reduce a lo formal: tener el protocolo, no necesariamente hacerlo comprensible.

Quien cuida, pero no decide

En la práctica, son los adultos mayores quienes sostienen gran parte de la rutina deportiva: trasladan, esperan, observan, pagan. Pero el sistema no está diseñado para ellos.

No traduce. No simplifica. No verifica comprensión.

Un protocolo que no se explica no existe en el territorio. Y cuando no existe, todo depende de la buena fe del entorno.

Demasiado para dejarlo al azar.

La reflexión de SOY DIRIGENTE

El problema no es la falta de normas. Es su desconexión con la vida real.

El Decreto 22 fija obligaciones correctas. Pero mientras quien está en la reja —muchas veces un abuelo en una cancha de barrio— no sepa qué debe pasar adentro, la protección seguirá siendo parcial.

Porque en el territorio, el cuidado no se presume. Se explica, se entiende o simplemente no existe.

Idea original y agredecimientos especiales: Andersson Llontop

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