En las notarías, sucursales de FONASA y cajas de compensación de todo Chile, se repite una escena de silenciosa frustración: un adulto mayor presiona su dedo contra un cristal iluminado, solo para recibir un mensaje de error. El desgaste dactilar, una condición fisiológica natural tras décadas de trabajo y vida, se ha convertido en el nuevo «muro» de la era digital. Para un dirigente social, este no es un fallo técnico menor; es una vulneración a la autonomía de los vecinos más vulnerables.
Caminar por las filas de pago es descender a una realidad donde la modernización, en su afán de eficiencia, ha olvidado la biología de quienes construyeron el país. La tecnología, que debería ser una herramienta de integración, hoy actúa como un filtro que despoja de su identidad a quienes más necesitan del Estado.
La biometría como herramienta de exclusión
Adentrarse al detalle de este fenómeno permite dimensionar la complejidad de una «dictadura digital» que impone estándares técnicos sin considerar la diversidad de los usuarios.
El fallo en la captura de la huella dactilar paraliza trámites críticos: desde el cobro de la Pensión Garantizada Universal (PGU) hasta la compra de bonos médicos. Desde el prisma de la gobernanza, este problema pone en evidencia una pregunta incómoda: ¿Cómo aseguramos que el progreso tecnológico no se convierta en el primer paso para una nueva forma de indigencia administrativa? El desafío para las instituciones no es solo actualizar sus escáneres, sino implementar protocolos de contingencia humanos y dignos que no obliguen al adulto mayor a deambular por oficinas buscando una validación que su piel ya no puede entregar.
El dirigente como escudo ante la brecha digital
Como líderes territoriales, nuestra labor no termina con observar la fila en la caja de compensación. La autonomía de las comunidades se defiende cuando el dirigente actúa como un nexo crítico entre el vecino afectado y la burocracia estatal. La lección de esta crisis biométrica es clara: el Chile del futuro requiere dirigentes informados que exijan «trato preferente» no como un eslogan, sino como una realidad operativa que incluya métodos de verificación alternativos y seguros.
Debemos prepararnos para que esta brecha no se traduzca en una pérdida de derechos, sino en una oportunidad para exigir que la política pública se diseñe con una visión humana. La verdadera seguridad social comienza con la certeza de que ningún vecino será invisible para el sistema simplemente porque sus manos han trabajado lo suficiente como para borrar sus huellas.
¿Qué creemos en SOY DIRIGENTE?
La tecnología es ciega si no se mira a través de los ojos de la comunidad. Los líderes sociales debemos ser la voz de quienes el sistema ya no reconoce, para asegurar que el progreso no solo pase por las pantallas, sino que se quede a vivir en el respeto a nuestros mayores.



