La reciente implementación de la «Ordenanza Cero Incivilidades» en la comuna de Independencia ha encendido las alarmas y las esperanzas en los territorios: Lo que antes se resolvía con una conversación entre vecinos o una mediación en la sede social, ahora entra en el terreno de las sanciones graves.
Desde el ruido excesivo hasta el mal manejo de la basura o el rayado de muros, la normativa busca restaurar el orden a través del bolsillo y la pérdida de beneficios sociales, una jugada en la que los indepencinos, de la mano de su alcalde, Agustín Iglesias, son punta de lanza. En SOY DIRIGENTE entendemos que, si bien el barrio clama por orden, esta medida pone al líder territorial en una posición compleja: ¿Cómo educar al vecino para evitar la sanción sin convertir la sede en una oficina de denuncias?
El rigor de la sanción: Del beneficio social al castigo administrativo
El análisis de esta ordenanza revela una estrategia de presión inédita: vincular el comportamiento vecinal con la entrega de beneficios municipales. La ordenanza no solo apunta a la multa económica (que puede llegar hasta las 5 UTM), sino que toca la fibra más sensible al suspender ayudas para quienes reincidan en conductas incívicas.
Esto obliga a las Juntas de Vecinos a profesionalizar sus estatutos internos y a fortalecer los comités de ética. No se trata solo de castigar, sino de entender que la fe pública y el respeto por el espacio común son activos que, de perderse, podrían afectar la elegibilidad para proyectos y mejoras a las que deseen postular los infractores.
Autonomía barrial y mediación preventiva
Como líderes territoriales, nuestra labor es adelantarnos al golpe del inspector municipal. La autonomía de las comunidades se fortalece cuando somos capaces de autoregularnos antes de que llegue la multa. La lección para el Chile del futuro es que «Cero Incivilidades» solo será exitosa si va acompañada de una fuerte campaña de educación cívica liderada no solo por el municipio, sino que especialmente por los dirigentes. Debemos preparar a nuestras bases para entender que el derecho al descanso y al entorno limpio son los cimientos de la seguridad ciudadana.
El dirigente moderno no es un policía, pero sí es el arquitecto de una convivencia que ayude a evitar que el vecino más vulnerable pierda sus beneficios por desconocer o no respetar las reglas que hoy la ciudad -y particularmente la comuna de Independencia- exige.
La reflexión de SOY DIRIGENTE
Una multa puede limpiar una calle un día, pero la educación vecinal mantiene el barrio impecable para siempre. La Ordenanza Cero Incivilidades es un recordatorio de que vivir en comunidad tiene un costo, pero también una responsabilidad, y eso es siempre bueno.
Como dirigentes, nuestro desafío es que el vecino aprenda a respetar su entorno no por miedo a la sanción, sino que por amor a su territorio.



